sábado, 24 de noviembre de 2018

La mala costumbre







La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. 
Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. 
Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y 
solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, 
de reír poco y de querer hacerlo mañana. 
Tenemos la mala costumbre de echar de menos, 
en lugar de hacerlo de más. 
La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. 
Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, 
luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, 
nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. 
Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. 
De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo 
de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando 
tienes que perdonar todos los días, al final un 
lo siento se convierte en el comodín de cualquier 
pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. 
Tenemos la mala costumbre de defender al malo y 
descuidar al bueno. De contar mentiras tra la rá y de 
tener que hacer un máster para descubrir verdades. 
Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos 
nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir. 
Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y 
de creernos mejores por decir si.

















Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, 
a una mala noticia o a una llamada de que alguien 
querido se nos fue, para tomar las riendas de 
nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, 
cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que 
abrazas en tu almohada. 
Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, 
olvidando que los pequeños detalles importan, 
que los pequeños detalles construyen grandes caminos 
y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. 
Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, 
de culpar siempre al otro porque claro, 
tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. 
Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quieros 
y hacerlo por primera vez es como “buf que va, 
no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? 
¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.
Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir 
que quieres a otra persona.

Wasapeamos mucho, dormimos demasiado
y hacemos el amor poco.












                         
 (Desconozco al autor) El texto y la imágenes son encontradas en google







1 comentario :

Unknown dijo...

Es una hermosa reflexión, ojalá pudiéramos llevarla en el día a día, por mi parte lo trataré, si no es que lo haré,

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